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Septimo Arte
18.07.2017
Game of thrones: El invierno nos alcanzó
18.07.2017
Arturo Garibay
Por: Arturo Garibay
agaribay@informador.com.mx
Game of thrones: El invierno nos alcanzó

Con una cifra récord de televidentes (más de 16 millones) inició la séptima y penúltima temporada de Game of Thrones. Sin dar spoilers, el episodio de arranque sirvió para emplazar a los personajes que acaparan más nuestra atención —Daenerys, Tyrion, Jon, Sansa, Arya, Cersei y Jaime— en sus posiciones para iniciar la lucha definitiva por Westeros: primero, por el codiciado Trono de Hierro; y segundo, por la supervivencia de todo lo conocido pues los Caminantes Blancos son, al fin, una amenaza inminente.

  Creada por David Benoiff y D. B. Weiss a partir de la saga de novelas fantásticas escritas por George R. R. Martin, Game of Thrones se ha convertido en una de las series dramáticas más exitosas en la historia de la televisión. Sus valores de producción rebasan incluso aquellos que a veces vemos en los estridentes blockbusters de Hollywood, el “volumen dramático” del relato ha conseguido enganchar de igual manera a los fanáticos y a los indiferentes del género fantástico y su elenco ha logrado construir personajes que, seguramente, trascenderán el tiempo y las generaciones. Vaya, Game of Thrones es desde ya una serie de culto, con un impacto innegable en la cultura pop y cuyo destino es volverse indeleble en la memoria audiovisual.

 Pensar en Game of Thrones únicamente como un show de matanzas, dragones e intrigas es pensarlo de manera incompleta: el programa hace en la pantalla chica lo que la década pasada hizo El Señor de los Anillos en la pantalla grande: reivindicar la fantasía, un género que la crítica audiovisual en general suele evaluar como algo menor. Ciertamente, Game of Thrones es un programa de hipérboles, de provocaciones, de pellizcos emocionales para los fans. Pero mientras que los caminantes blancos y los dragones de la “khaleesi” representan la fantasía desbordada e inasequible, resulta que hay otros elementos —la lucha por el poder, la fijación por un trono y las bajas pasiones— que nos llevan a un terreno más cercano a la llamada “low fantasy”, donde podemos ver temores cotidianos en un contexto que reconocemos. Afuera de Westeros, en nuestro mundo, también vivimos tiempos oscuros, de peligro inminente. Es así que ratificamos, conforme nos acercamos al final de la serie, que Game of Thrones nos entretiene, pero también nos refleja.

Dicho todo esto, sentenciemos lo que vimos en el primer episodio de la flamante séptima temporada: en general, fue un sólido inicio, una promesa interesante… Qué pena que esta temporada será de sólo siete episodios. De entrada ya pudimos ver una venganza perpetrada, fijación con el poder, un liderazgo natural y un regreso a casa. Esto pinta bien, muy bien. Lo malo es que, con cada capítulo, nos vamos acercando inevitablemente al gran y absoluto fin de Game of Thrones.