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24.07.2017
Everybody say whisky!
24.07.2017
César Iván Barba Aguilera
Por: César Iván Barba Aguilera
cesaribarba@hotmail.com
Everybody say whisky!

Corría el año de 1886 cuando William Grant decidió emprender en el mundo del whisky, después de haber trabajado en una destilería local durante más de 20 años. Cuenta la historia que construyó con sus propias manos, junto con sus hijos, una destilería a las orillas del río Fiddich y el castillo de Balvenie, a la que llamó “Glenfiddich”, corriendo la primer gota de los alambiques en la fecha premonitoria de la Navidad de 1887, marcando el nacimiento de una de las marcas más prestigiosas del mundo y el primer Single Malt de la historia.

 

 

Tuve la oportunidad de visitar esta histórica destilería en 2014. El olor a hierba húmeda por las constantes lluvias del norte de Escocia y la orografía montañosa enmarcaban la icónica fábrica de piedra. Han pasado 130 años desde su construcción y la destilería de Glenfiddich aún sigue operando en su lugar original, destilando y madurando en sus cavas con olor a madera aguardando pacientemente por, al menos, 12 años.


El recorrido inició con una ‘chava’ que portaba un uniforme escocés, camisa blanca y tartán con los colores verde, negro y azul del Clan Grant, llevándonos al primer almacén credo por Glenfiddich. En él guardan barricas, pero también una pequeña demostración de los ingredientes principales para la elaboración del whisky: agua, malta y levadura.
Seguido de esto, entramos al proceso de elaboración de Glenfiddich, empezando por el llamado wort que es el mosto que resulta de la maceración de la malta en agua, el cual es enviado a recipientes de madera para su fermentación. Una vez terminada, se obtiene el llamado wash, que es básicamente una cerveza de malta sin lúpulo.

El paso siguiente del recorrido es la destilación. Es un espacio bastante grande donde trabajan los alambiques de cobre durante dos destilaciones para obtener el New Make Spirit, un líquido a alta graduación alcohólica, cristalino, listo para maduración.

 

 

De acuerdo a la Scotch Whisky Act, deberá permanecer al menos tres años en maduración para poder llamarse whisky. Es por ello que seguimos hacia uno de los almacenes de maduración, pero con un toque especial: el vat de solera. Aquí producen Glenfiddich 15 con el método de solera, es decir, el tanque está lleno de distintos lotes de whisky de 15 años, lo cuales han sido vaciados a través del tiempo, y le están agregando constantemente nuevos lotes de maduración, creando así un blend de diferentes lotes. Interesante también saber que las tapas de las barricas marcan el año en el que fueron llenadas.

 

Seguido de esto, pasamos al visitor center para la mejor parte del recorrido: la cata de whiskies. Aquí nos dieron un tasting de Glenfiddich 12 y sus notas a pera, Glenfiddich 15 con sus notas a pasas y miel, Glenfiddich 18 con notas de canela y manzana y Glenfiddich 21 con sus notas a chocolate y cáscara de naranja, cerrando así el tour.
Para cerrar con broche de oro un día escocés, en el restaurante The Malt Barn dentro de la destilería nada mejor que probar el Haggis con una cerveza Innis and Gunn y Glenfiddich 15.

Una experiencia súper recomendable e inolvidable para aquellos amantes del whisky, de la mano de una de las marcas más prestigiosas en el mercado y el primer single malt de la historia.
Slainte!

 




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