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27.02.2019
Amistad a través de la música
#LaMelómanaRoja
27.02.2019
Liz Moreno
Por: Liz Moreno
lizbeth.morenocano@gmail.com
Amistad a través de la música

FOTO: NATHALY MARTÍNEZ

Lo primero que le dije a mi mamá en cuanto conseguí mi primer trabajo fue: “mami, perdón, pero todo mi dinero se irá en conciertos.”

Ya han pasado algunos años desde aquella sentencia que no le agradó para nada a mi madre adorada, pero no puede decir que no se la he cumplido. Y es que, aunque a veces use la misma ropa, no me cumpla antojos o me amarre una tripa, cada año cumplo mi propósito de ir a la mayoría de los conciertos que me propongo. No a todos, pero se hace el intento.

Pocos entienden la satisfacción que dan los conciertos, desde el momento en que consigues tu acceso, el contar los días con entusiasmo para ver el espectáculo, formarte para entrar el recinto y estar de pie las tres horas o más que dura el show o el festival. Incluso ese cansancio y dolor en la espalda la mañana siguiente son hasta placenteros, y la depresión post-concierto de haber visto a tus ídolos duele “muy rico” en el pecho. Cada una de esas fases lo convierten en un suceso único, y si algo hace memorable una experiencia como esta que menciono, también tiene mucho que ver la compañía.

Cuando estaba en la preparatoria tenía a esta amiga, Nathaly, que compartía mi gusto por la música. Llegamos a ir juntas a varias presentaciones e incluso existe la teoría que nosotras atraemos la lluvia, pues en todos los eventos a los que fuimos juntas durante nuestros años adolescentes nos llovía torrencialmente, caso que nunca nos sucedió cuando íbamos con otras personas.

Después de cuatro años que no nos veíamos, decidimos ir juntas a festejar su cumpleaños el sábado pasado al Festival Roxy, el cual celebraba su tercera edición en tierras tapatías. He de confesar que el cartel no me convencía del todo y que al único cantante que quería ver, me lo perdí por ver a los Fab Four, pero siendo honesta, ha sido de los que más he disfrutado en los últimos dos años.

Puede que tú, que me estás leyendo, seas de mi estilo: un poco solitario, un poco huraño, que prefiere disfrutar de sus actividades en soledad porque no cree que alguien más pueda comprender lo que hacemos (por favor también noten mi complejo de superioridad, prometo que ya estoy trabajando en eso), pero creo que hay momentos que se disfrutan más cuando estás con las personas correctas. Sé que si hubiera estado con alguien más el sábado, tal vez no habría bailado sin pena La Negra Tomasa de Caifanes, o no me habría puesto a cantar a todo pulmón Hey Jude como si en verdad estuviera viendo a The Beatles y no una banda tributo. Sin embargo, ahí estábamos la querida Nath y yo haciendo todas esas cosas y más, no porque el cartel fuera espectacular, sino porque lo espectacular era disfrutar de la música sin importar quienes miraban. Aunque, claro, nos faltó la lluvia.

Y es que es muy padre hacer todo esto cuando estás con alguien que está en tu misma sintonía, que comprende ese amor y está dispuesto a darlo todo durante esas horas, pues sabe que tú también lo harás, tú también comprendes. Es un apoyo muy bonito, incluso lo considero una hermandad, una complicidad muy íntima. Después de todo, no es cualquier cosa mostrarle a alguien como eres cuando tu música favorita está sonando en vivo y en directo. Hace falta confiar.

¿Tú tienes a alguien así? ¿O cómo es tu dinámica a la hora de ir a un concierto?

 

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