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17.05.2018
El paraíso si existe, y se llama Isla Espíritu Santo
MexicaNomad
17.05.2018
Victor Valverde
Por: Victor Valverde
mexicanomadoficial@gmail.com
El paraíso si existe, y se llama Isla Espíritu Santo

De pequeño siempre soñaba con una isla desolada donde pudiera conectarme por completo con la naturaleza pero, al ser un joven citadino, me limitaba a pensar que eso solo sería posible en lugares remotos y de difícil acceso.
Hace un tiempo tuve la oportunidad de conocer la famosa “Baja”, una tierra donde predominan los desiertos, las serranías y una extensa planicie litoral. Invité a un par de amigos a lo que tradicionalmente llamamos un “viaje nómada”: rentar un auto por un par de semanas en búsqueda de rincones naturales sin rumbo fijo.

Acepté todo tipo de recomendaciones, entre las que se encontraba ir a caminar por las aguas cristalinas de playa Balandra, un lugar que algunos afirmaban era lo primero por conocer en Baja, sin embargo, buscaba algo distinto.

Investigando un poco sobre la zona, di con un lugar llamado Isla Espíritu Santo. En aquel entonces existía poca información en Internet sobre este lugar, al parecer era ideal para acampar, por lo que concluimos que lo mejor sería llegar a La Paz y preguntar a los locales sobre la isla.  

Tras hora y media de vuelo desde Guadalajara llegamos a la ciudad. Pronto, dimos con una agencia de tours ubicada en el centro llamada Choya Tours, donde por sorpresa descubrimos algo; no podríamos acampar en la isla.
Nos informaron en ese momento que justo al día siguiente estaba pronosticado un frente frío a través del Golfo de California, por lo que los ánimos se vinieron abajo por un momento. Para fortuna nuestra, y a pesar de que ya empezaba a soplar el viento sobre las olas del mar, uno de los capitanes accedió a llevarnos por 850 pesos por persona con una condición, regresar el mismo día.

Partimos en un viaje de hora y media sobre las aguas obscuras del Golfo, un viaje lleno de momentos de euforia y silencio. Ocasionalmente se mostraban algunas especies marinas en las cercanías de la lancha, que pasaban a saludar con su elegante nado. El golpeteo de la lancha en las olas se volvía intenso conforme nos acercábamos, y lo único que pensaba es que no importaban las incomodidades del tiempo, debíamos de disfrutar cada momento.

A medida que nos acercábamos a la isla, se mostraban poco a poco los primeros rasgos de sus estratos geológicos que hablan de miles de años de existencia, en un sinfín de tonalidades ocre, gris y café. Maravillados por la textura de sus riscos, se iban abriendo poco a poco bahías que contenían increíbles tonalidades del agua, desde el azul turquesa hasta el azul profundo, una orquesta de colores. No podía creer que en tan solo cuatro horas desde que salimos de Guadalajara, estábamos en las faldas de una isla paradisiaca.

Tras pasar por el límite de sus playas azules, llegamos a la primera parada: El Santuario de los leones marinos. Pensar que podíamos nadar con ellos sería algo inaudito, y si, para nuestra fortuna de nuevo, tuvimos la oportunidad no solo de verlos, sino de contribuir a su danza acuática que tanto los caracteriza. Los leones jóvenes, siempre juguetones y en grupo, nos rodeaban en círculos rápidamente mientras el macho alfa se mostraba quieto protegiendo su hogar.

Después de tan alucinante espectáculo, fuimos a nuestra segunda parada: Una pequeña playa desolada en la isla, donde la única sombra que existía era la de unas rocas grandes que estaban a un costado, y algunas instalaciones de sombra que habían situado para nosotros. Tomamos un baño refrescante y después de comer el almuerzo, fuimos a caminar por sus desérticas montañas. Cualquiera que se pierda en esta isla pudiera imaginar de pronto que se encuentra en otro planeta.


Estar ahí por un momento, fue confirmar que, el paraíso si existe, y se llama Isla Espíritu Santo, pero no solo eso, sino que, este solo existe para aquellos que lo quieren ver.
Mientras íbamos de regreso durante el atardecer, no podía sacar de mi mente el silencio de la isla y sus alucinantes colores en mar y tierra. Era el primer día de nuestro viaje, y ya había cumplido mi objetivo: Encontrar un lugar que renovara mi ser. Ahora faltaría, por lo pronto, otros quince días más viajando en esta hermosa tierra llena de “Paraísos”, llamada Baja.

Victor Valverde
Nómada

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