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21.06.2018
De Berlín a Noruega
El verano donde no se ocultó el Sol
21.06.2018
Victor Valverde
Por: Victor Valverde
mexicanomadoficial@gmail.com
De Berlín a Noruega

 

¿Alguna vez experimentaste soñar con algún lugar que jamás has visto, pero que sientes que debe de existir en alguna parte del mundo? ¿Un lugar al que quisieras conocer, pero que no sabes si es real o ficticio?

Cuando tenía nueve años tuve un sueño muy recurrente en el que imaginaba un lugar donde el sol nunca se ocultaba. Recuerdo que cuando soñaba eso me preguntaba por qué había luz de sol a las tres de la mañana si todavía era de noche. Recuerdo ese lugar hasta el día de hoy como un lugar frío, de cielos nublados y de campos verdes llenos de pastizales acolchonados donde bien podría acostarme para despertarme de ese sueño.

 

 

Hace un par de meses mientras pasaba el verano en Berlín, decidí planear un viaje corto, pero contundente por Noruega. En una semana pensé en visitar Bergen, Stavanger, Oslo y Flam buscando capturar una imagen general de lo que sería ese hermoso país. Curiosamente y por alguna extraña razón al momento de preparar mi itinerario de viaje, surgían recuerdos de aquel sueño que tuve cuando era un niño.

Los días previos al viaje sentí un nerviosismo extraño acompañado de un sabor a incertidumbre, y al mismo tiempo, una intensa emoción por el viaje en puerta. Recordaba con detalle las imágenes de ese sueño que había tenido desde pequeño y me preguntaba si lo que estaba sucediendo es que en realidad me estaba acercando a ese lugar con el que tanto había soñado. En ese momento existía un pensamiento muy presente sobre el hecho de que siendo un niño desconocía por completo, que en el norte del planeta a partir de cierta latitud los veranos son largos y no obscurece en su totalidad, y es que ahora sabía me acercaba a ese lugar del planeta.

El primer paso en esta travesía fue tomar un autobús de Berlín a Copenhague buscando pasar un par de días ahí para después tomar un avión de Copenhague a Stavanger. Compré un boleto de autobús que me costo apenas 20 euros, me presente en la estación cuando se acercaba la noche, y al ingresar al autobús me di cuenta de que esos 20 euros eran el reflejo perfecto del tipo de transporte al que me estaba subiendo, pero bueno, yo estaba más decidido a experimentar acercarme a mis sueños que a la incomodidad de un asiento que no se reclina.

Me quedé dormido unas seis horas y para cuando ya iba por el tercer sueño ¡pum!, de pronto escuche un ruido fuerte como si estuviera dentro de una máquina. El conductor del camión se paró y nos pidió que nos bajáramos en idioma alemán. Yo no sabía qué estaba pasando en ese momento, me encontraba en la obscuridad total y me sentía encerrado en una caja. De pronto, cuando el conductor encendió la luz interior del pasillo, el sonido profundo y abrazador de una bocina sonó de forma estruendosa dejando claro que ya no íbamos por carretera, en ese momento estábamos dentro de un buque de carga.

No lo podía creer, no tenía la menor idea de que iríamos por mar a Dinamarca, era una sorpresa para mí. Bajé del autobús con mis pertenencias y me dirigí a una planta superior. Mientras subía junto con los demás pasajeros me encontré con un piso lleno de tiendas de souvenir, comida, todo tan iluminado por la luz artificial del interior del barco que apenas podía conciliar la idea de que era de noche, eran las 03:30 de la mañana.

Extrañamente al recorrer el pasillo interior del buque, mi corazón comenzó a palpitar como aquella vez que recordaba mis sueños. Al recorrer la parte central del barco donde no existían ventanas, sino tiendas a ambos costados, casi como un paseo forzado después

de un viaje incómodo y agotador, sentía que iba en un túnel directo a una experiencia nueva en mi vida, esa sensación de nerviosismo que experimenté hace 15 años cuando viajaba por primera vez. Decidí aceptar de momento que estaba en un sueño, y que eso era parte de no poder lograr conciliar la realidad.

Al caminar sobre piso de concreto pulido entre luminarias fluorescentes, vislumbré al final del túnel una salida, desde la cual apenas lograba distinguir que se trataba de la cubierta del barco. Seguí mi camino y la luz intensa del final del túnel cada vez me permitía abrir menos mis ojos. Cuando los volví a abrir por completo me encontraba parado en el exterior del barco junto con algunas personas que al igual que yo, abrazaban su cuerpo para cubrirse del frío intenso que entraba por el túnel. El piso de madera crujía al caminar sobre él, y mientras me acercaba al barandal exterior del barco volteaba mi mirada hacia el horizonte del mar. Quisiera poder explicarles lo que sentí en ese momento, creo que fue como experimentar un déjà vu que se convierte en una realidad futura.

Eran las 03:30 de la mañana, decidí ponerme el impermeable negro que traía para protegerme del viento, cargué mi mochila y vislumbré algo increíble con mis ojos, era el color azul profundo del mar, era el cielo de color rosa morado, eran otros barcos a la deriva... ¡ERA DE DÍA!

 

 

Quede atónito por un momento, estaba parado frente a aquel sueño recurrente de mi infancia, donde visitaba la tierra donde el sol no se oculta. Fue alucinante experimentar ver el día a tan pocas horas de la noche, fue sentir esos nervios y esa emoción de un niño al ver un sueño materializarse, era como un viaje al pasado de mi mundo subconsciente.

 

 

En ese momento me sentí solo, y aunque estuviera rodeado de un par de personas mientras estaba parado en el límite de la cubierta, era una experiencia muy personal y solitaria a la vez, infinitamente satisfactoria. Era ver la magia del sol reflejar los primeros rayos dorados de luz sobre las olas del mar oscuro, que no parecía tener profundidad, era conectarme con mi intuición y mi memoria experimentando la magia de la noche con luz de día, algo que cambiaría mi vida.

Este encuentro con mis sueños me ayudó a recordar que, toda mi vida he querido recorrer el mundo en busca de lugares que me ayuden a conectarme con mi esencia, esa búsqueda que es uno de mi sueños más profundos.

 

 

Después de vivir esta experiencia surrealista, solo me queda por explorar esa vasta tierra de mares, glaciares y fiordos para ver si existe alguna razón más allá de mi entendimiento y de soñar, por la que tenga que estar en esta tierra donde el sol no se oculta.

 

 

 

Victor Valverde

Nómada

 

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