Columnas

Desde la silla
15.10.2019
El viejo Pontiac
Por: Carlos González
15.10.2019
El viejo Pontiac

FOTO: STOCKSNAP.COM

 

Me encontré al viejo Pontiac, no viejo por El Paso del tiempo solamente, sino más por el olvido. Tiene por lo menos 6 calendarios estacionado, lo recuerdo porque yo solía caminar y pasar frente tal acto de egoísmo y abandono por ahí del 2014, cuando yo iba de camino a encontrarme con el mío, mi olvido. Al parecer ambos fuimos las víctimas del desdén de alguien más. Él sigue ahí estancado, con el motor infestado de polvo y las llantas desinfladas, inerte y cada día más jodido. Y aquí estoy yo, pasando frente a él, pero mi piel ya no se estremece con el recuerdo de tu respiración, y eso sí me eriza el alma.

El Pontiac es solo un objeto de tantos alrededor de estas calles ya conocidas, las cuales me vieron pasar por años, la mayoría de ellos parecieron un otoño constante ahora que lo pienso. Algunas veces esas calles se rieron a mis espaldas y a mi cara, de mí y mis errores, otras tantas me hicieron enojar al grado de cambiar sonrisas auténticas por muchas falsas sin que nadie se diera cuenta, y todos pensaban que era feliz. 

 

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Al final de todas esas calles, están los callejones que yo escogí para llegar a un camino que me llevó por muchos sentimientos, menos el del amor por mí, los recorrí y fui reconociendo el abandono, el rechazo,  la vergüenza y la injusticia, pero como estabas tú al final decidí ignorarlo todo, pensé que valdría la pena, solo que en esos calendarios aún no sabía que tal acto era equivalente a perderlo todo de mí, todo lo que construye mi sonrisa, lo que convierte mi mirada en algo que ama y mis abrazos en algo que da calor. 

 

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l viento, los ruidos, viejas canciones y nuevas lecciones me llevan a pensar que quizá nunca dejaré ir por completo el recuerdo de tu aroma por las mañanas, incluso hay días que puedo percibirlo a pesar de que esté en otras calles y callejones, que solo me conocen de pie, feliz y orgulloso, entonces es que me doy cuenta: los recuerdos y sensaciones no llegan para irse sin dejar rastro, pero tampoco deben dejar heridas sin sanar, no los sentimos solo porque sí ni debemos pretender que no está en nuestras manos cómo vivirlos y aprenderles, ya que sin ellos y sus lecciones, los calendarios simple y sencillamente estarían destinados a ser muy iguales unos de otros, si no aprendo repito, si no aprendo me lastimo, si no aprendo no perdono y si no perdono no amo. 

Todo esto me remonta al Pontiac, no quiero ni quedarme olvidado ni oxidado, sino amado y sabio. 

 

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